Cinco años han pasado desde que escribí en este blog por última vez.
Cinco años han pasado de una de las mejores experiencias de mi vida.
En estos cinco años han vagado por mi mente todos los recuerdos, anécdotas, gracietas, emociones y personas que conocí en mi etapa por Disney.
Pero no pensaba que me iba a tener que despedir de nadie.
Pero no pensaba que me iba a tener que despedir de tí.
Tenía 19 años y bebiendo en un vaso rojo por la calle principal de Las Vegas cuando mantuvimos nuestra primera conversación. De golpe y plomazo, nos encontramos en una limusina con una pedida de mano. Tú ibas a ser el padrino de boda. Sin duda, un día idóneo para empezar una amistad.
Me sacabas seis años. Dos carreras universitarias. Y se nos olvidó rápido. Toda tu experiencia con toda mi niñatez se fusionaron en una conexión de frases estúpidas y momentos para el recuerdo.
Mi cámara iba conmigo siempre, y te inmortalizaba en todo lo que vivíamos juntos. Viste como los indios simulaban un atentado en clase, un Hansen jugador de baloncesto universitario que quizás acabaría siendo contable, un viaje a Miami, un reloj verde que no sabías cómo había llegado a tu muñeca.
Gol de señor, merengue merengue, la caja, luego la profesora, hijo mío tu eres negro, qué rico, paseando con papá, Curry, Wachufleiva, Alfredo, el autobús gay.
Julio, todo lo que me sale de mis recuerdos contigo son una sonora carcajada. Una sonrisa de oreja a oreja. Pero ahora el shock me hace parar de reír.
Te has ido. Te has marchado, y no querías decirnos que no ibas a volver. Te he llorado porque los recuerdos se quedan conmigo.
Y mientras estén aquí, jamás te olvidaré. Cambiaste mi vida, Julio. Siempre serás mi familia, mi motivo para subir al norte. Y siempre serás uno de los mejores amigos que he tenido jamás.
No todo fue Disney. Vivimos un Barcelona, un Madrid, un Peñíscola. Unas buenas borracheras y muchas confesiones. A todo el que intento explicar quién eres, no hay palabras suficientes.
Eres de las personas más carismáticas, divertidas, extrovertidas y entrañables que han pasado por mi vida. Lo digo con la herida sin cicatrizar, pero dudo que cerrándola piense diferente.
Llegaste a mi vida para cambiarla, en mi transición de niño a adulto. Y ahora al irte, me haces pensar más aún si cabe en esa sensación a veces tan desganada de valorar todo lo que te rodea.
Sólo tú y yo sabemos todo lo que nos aportamos. Fuimos muy felices y nos complementamos en la que fue una de las etapas más felices de nuestras vidas.
Me quedaré con la espina de no poder enseñar al mundo lo talentoso y carismático que eras. Todo lo que cuente siempre tendrá menos encanto que si lo contabas tú.
Julio, mientras esté en este mundo da por hecho de que jamás te desvanecerás. Estarás en mi recuerdo siempre y serás parte de mí. Ayer se lo hicimos saber a tu familia de sangre. Pero siempre recuerda que en Madrid tenías otra familia, la que se elige. Y yo era el pequeño. Y siempre me sentiré así.
Vuela alto, Julio. Te quiero.

























